Septiembre fue una gran laberinto del que apenas salí viva. Fue un verdadero desafío. Estuve expuesta a sensaciones muy estresantes, todas desencadenadas por mi cumpleaños número dieciocho; el día 13.
Le tengo pavor al tiempo y es algo que he aprendí desde pequeña, le tengo pavor a que un día simplemente no pueda controlar toda la biblioteca de recuerdos que traigo encima. Que no pueda manejar las emociones que me causan los fotogramas que llegan a mí de manera aleatoria y me distraen en cualquier momento. Y es que llegué al punto de confundir los del pasado con los del presente, los reales con los imaginarios, los agradables con los no tan gratos.
Yo era el loco de "La cabellera" de Maupassant, y el producto de toda esta catarsis del tiempo fue una gran ansiedad, fue el refugio en el sueño, que una noche de pronto dejó de ser un lugar seguro.; "El pasado me atrae, el presente me aterra, porque el futuro es la muerte". Dormía, apenas leía. Cuando despertaba estaba pensándolo una y otra vez... y la gente.
La gente a mi al rededor, mis compañeros de aula. Todos eran entes cargados con lo mismo que yo; lo mismo expresado de manera distinta.Y era tan fuerte esta concentración de energía que solo podía verla correr, ver que fluya, verla danzar. A veces era como las Gracias de Venus, otras eran Sátiros con sonrisas burlonas,pero la mayor parte del tiempo era sólo burda energía que golpeaba contra mis temporales de manera violenta una y otra vez.Yo no controlaba ya mi cuerpo, mucho menos mis pensamientos (¿y es que acaso somos capaces de eso?). Comencé a notar cosas oscuras en cada persona. Eran tantas horas dentro de ese hospital antiguo, dentro de esa aula sin ventanas, dentro de esa vorágine de batas blancas, cadáveres y libros. Y clases que nunca se acababan. Decidí dejarlo ser, dejarlo pasar, realmente me resigné a ello.Y la gente a la que quiero no estaba bien, porque cuando no entendemos algo nos frustramos. Nos enojamos y nos entristecemos ante la impotencia.
Después, un día, se fue. Después haber llorado cada día, de haberme enfurecido con las Gracias,yo estaba bien. Se fue sin más y deseo con todo, que no vuelva nunca
Estamos en una lucha continua con nuestros semejantes, con el tiempo, con las circunstancias,con las instituciones; pero nuestro peor enemigo ( y esto lo digo tras haberlo descubierto de la peor manera) somos nosotros mismos.
A vísperas de un examen, el miércoles.
