domingo, 14 de octubre de 2012

No soy Persona

Tenía intenciones de publicar esta entrada o mejor dicho, redactarla, desde el mes pasado pero me alegro de haberlo atrasado, de haber sido así hubiera perdido la poca objetividad y coherencia con la que espero escribir a continuación.
Septiembre fue una gran laberinto del que apenas salí viva. Fue un verdadero desafío. Estuve expuesta a sensaciones muy estresantes, todas desencadenadas por mi cumpleaños número dieciocho; el día 13.

Le tengo pavor al tiempo y es algo que he aprendí desde pequeña, le tengo pavor a que un día simplemente no pueda controlar toda la biblioteca de recuerdos que traigo encima. Que no pueda manejar las emociones que me causan los fotogramas que llegan a mí de manera aleatoria y me distraen en cualquier momento. Y es que llegué al punto de confundir los del pasado con los del presente, los reales con los imaginarios, los agradables con los no tan gratos.
Yo era el loco de "La cabellera" de Maupassant, y el producto de toda esta catarsis del tiempo fue una gran ansiedad,  fue el refugio en el sueño, que una noche de pronto dejó de ser un lugar seguro.; "El pasado me atrae, el presente me aterra, porque el futuro es la muerte". Dormía, apenas leía. Cuando despertaba estaba pensándolo una y otra vez... y la gente.
La gente a mi al rededor, mis compañeros de aula. Todos eran entes cargados con lo mismo que yo; lo mismo expresado de manera distinta.Y era tan fuerte esta concentración de energía que solo podía verla correr, ver que fluya, verla danzar. A veces era como las Gracias de Venus, otras eran Sátiros con sonrisas burlonas,pero la mayor parte del tiempo era sólo burda energía que golpeaba contra mis temporales de manera violenta una y otra vez.

Yo no controlaba ya mi cuerpo, mucho menos mis pensamientos (¿y es que acaso somos capaces de eso?). Comencé a notar cosas oscuras en cada persona. Eran tantas horas dentro de ese hospital antiguo, dentro de esa aula sin ventanas, dentro de esa vorágine de batas blancas, cadáveres y libros. Y clases que nunca se acababan. Decidí dejarlo ser, dejarlo pasar, realmente me resigné a ello.Y la gente  a la que quiero no estaba bien, porque cuando no entendemos algo nos frustramos. Nos enojamos y nos entristecemos ante la impotencia.

Después, un día, se fue. Después haber llorado cada día, de haberme enfurecido con las Gracias,yo estaba bien. Se fue sin más y deseo con todo, que no vuelva nunca

Estamos en una lucha continua con nuestros semejantes, con el tiempo, con las circunstancias,con las instituciones; pero nuestro peor enemigo ( y esto lo digo tras haberlo descubierto de la peor manera) somos nosotros mismos.


A vísperas de un examen, el miércoles.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Luz, Ciencia y Verdad.


Se podría considerar el ciclo de vida del yucateco de la siguiente manera:

Nace,Crece,Estudia en la UADY,se gradúa, trabaja en la UADY, muere.

Y es que la sociedad yucateca, con sus peculiaridades (sus tintes conservadores, su ligera xenofobia, su amabilidad con extremos) encuentra a su universidad en el centro de todo, vemos en ella un eje sobre el cual fijar sus esperanzas (la universidad como mecanismo de movilidad social). Universidad, pública, autónoma, incluyente.

Es muy común ver por las calles de Mérida, por ejemplo sobre la Plaza Grande,el logotipo de la Universidad Autónoma de Yucatán, que se manifiesta de muchísimas maneras: Camisetas, Uniformes, maletines, libros,folletos, carteles.

Si me conocen, se preguntarán de donde viene este "almamaterismo", todo se debe(de nuevo) a mi facultad. Yo siento que la Facultad de Medicina,en especial,tiene una responsabilidad muy grande para con la imagen de la UADY en ésta sociedad. Y es que el estudiante de medicina tiene una opción de dos polos sobre los cuales orientarse.El glamour,el conjunto de traiciones que puede jugarte el uniforme (quiero señalar que los estudiantes de medicina de la UADY visten de blanco desde el primer año), y la verdadera responsabilidad.

Sin embargo, quiero recalcar que la situación "sociedad depende de la universidad" no existe. Es más bien un paralelismo en el que el yucateco encuentra un bienestar intelectual en la UADY, y  ésta se nutre de el yucateco. La universidad no se pude enajenar de los problemas de los yucatecos; un ejemplo muy claro es el  del CIR (Centro de Investigaciones Regionales "Dr. Hideyo Noguchi"), todas sus investigaciones están enfocadas a problemas regionales. El punto que quiero tocar es que la UADY trabaja para y con los yucatecos porque le pertenece, nos pertenece. Inclusive los estudiantes que vienen de otros estados se vuelven yucatecos de alguna manera, la educación que reciben no es como la que solían tener en su lugar de origen y tienen que acostumbrarse a leer "huay!" cada vez que se avería el servidor de la página de internet de la universidad.

Durante la clausura de una estancia de investigación que hice en el CIR el director,Dr.Jorge Zavala Castro, habló de la importancia de las investigaciones que buscan el impacto social, invitó a los investigadores el centro a entregar su trabajo a la gente. Muchas personas no saben lo que es el edificio verde entre el parque Zoológico del Centenario y la biblioteca de ciencias de la salud. El discurso que dio me hizo recordar un pensamiento que me invadía cuando era pequeña y veía la televisión; todos los anuncios sobre medicamentos tienen frases como "recomendado por los expertos" o "avalado por la ciencia", en varios programas suelen proyectarse notas que mencionan "los científicos están trabajando" o "gente especializada está investigando". E incluso cuando estaba en el bachillerato y estudiaba un libro de Biología (Solomon,Begg,Martin), me encontraba con "investigaciones recientes", "los cientificos descubrieron".

¡Habría que darle un giro a esta tendencia de separar a la sociedad del trabajo científico!, los medios de comunicación,en lugar de señalar a "Los Científicos" como un grupo de extraños con batas y sin rostro deberían hacer hincapié en mencionarlos como algo más cercano,en mencionarlos como Biólogos, Médicos, Químicos farmacéuticos biólogos, Antropólogos, o Sociólogos . Así tal vez una pequeña niña sentada frente al televisor o un estudiante de bachillerato leyendo un libro, estarían más informados y al tener más información podrían desear ser parte del proceso y escucharíamos cosas como "Quiero ser Dr.en Biología con una maestría en enfermedades tropicales" en lugar de escuchar "Quiero ser un científico loco".

Regresando al papel de la Universidad Autónoma de Yucatán, me encantaría que como estudiantes de cualquiera de las 45 licenciaturas o 2 bachilleratos,estemos realmente dentro de nuestro rol de universitarios, que despertemos del cliché "odio la escuela" que se debió quedar muy atrás allá en la escuela primaria. Tenemos educación de calidad, pública y debemos de aprovecharla. Volvamos secundaria toda intención política y enfoquémonos en lo que realmente importa: la educación y el servicio.

jueves, 16 de agosto de 2012

Cuatro días con los mismos jeans

"Yo soy yo y mi circunstancia" decía Ortega y Gasset.
Pues yo soy muy recelosa a modificar mi "Yo", aceptar nueva gente en mi vida en realidad es algo que me causa cierto estrés. Esto de cambiar las circunstancias, modificar escenarios, conocer gente, agendar nuevos horarios y todo lo que conlleva un cambio de escuela no me causa gran armonía.

A lo largo de esta semana comencé a asistir a la Facultad, conocí a muchos compañeros y profesores. Y a lo largo de la misma he escuchado los mismos términos una y otra vez; humanismo, servicio, retribuir y humildad. Y es que, compartiendo un aula con 27 personas con altas expectativas de ser médicos en siete años, he escuchado de la mayoría de ellos que como único motivación para estudiar medicina tienen el amor al servicio.
Sinceramente, yo esperaba que algún valiente y desenfadado personaje llegara a confesar que aunque sea muy dentro de sí mismo existía un motivo  menos importante. Realmente llegaban momentos,entre las presentaciones en clase, en los que yo fantaseaba con el momento en que uno de mis compañeros tomara valor y cambiara los términos anteriores por: escala social, estatus, aceptación, seguridad económica.
Y bien, esto me costará mucho en el futuro, pero yo creo que ese personaje no salió a relucir durante las presentaciones porque ese mártir era yo.

Y abiertamente admito que como motivo secundario está el prestigio y la economía.
No me avergüenza, porque sé que mis ansias de servicio son mucho mayores a estos sentimientos considerados ufanos, sentimientos que de alguna manera si uno reprime se vuelve mucho más hipócrita. No me avergüenzo de sentirlos porque sé que soy imperfecta, porque espero que en el camino probablemente deje de sentir esta necesidad de aceptación guiado por un  culposo resentimiento de clases que llevo cargando desde la infancia. ¿Y acaso es obligatorio sentir culpa?
Y respeto en gran medida a mis compañeros, pero no me termino de creer que yo sea la única que piense de esta manera.

Pero por supuesto que lo que más anhelo en un futuro, a riesgo de sonar nacionalista y cursi, es dejar un escalón, poner una mano más detrás de el país que estamos empujando hacia adelante. Y por supuesto que el primer paso para este movimiento es atender a nuestra recelosa madre exigente: nuestra universidad; que nos invita al mismo tiempo a agradecer a quien la parió: nuestra abuela y primera maestra, la sociedad.

Por cierto que llevo el mismo pantalón desde hace cuatro días. Mañana usaré uno nuevo.

domingo, 5 de agosto de 2012

Esto que estás leyendo

Este no es más que un proyecto y soporte;por un lado gasto una parte significativa del día cuando decido escribir a mano y por otro lado... de ahora en adelante tendré un cúmulo de razones para escribir.

Este año comienzo la Licenciatura en Médico Cirujano en la Universidad Autónoma de Yucatán, una carrera larga y que por mucho requiere esfuerzo. En unas semanas cumplo 18 años y desde ahora hasta los próximos siete años preveo una metamorfosis paulatina. Arrugas, ojeras, marcas en la piel, cansancio y desarrollo intelectual, ¿curioso no? hablo de degeneración en lugar de crecimiento cuando sólo tengo diecisiete años...se puede notar mi pesimismo en estas líneas.
Pero no me mal entiendan, amo mi carrera. No podría estar haciendo otra cosa: amo a la gente. Tengo un profundo interés por cada mundo que se mueve por encima cada par de hombros de cada transeúnte que veo en las mañanas.

Pues bien, esto que estás leyendo es mi proyecto. Si estás dispuesto a presenciar una metamorfosis en tiempo real, prometo que te dejará más interesado que la de Gregorio Samsa. Al escribir a caligrafía siempre acostumbro dirigirme a mí, hacerlo sin la intención de que alguien más lo lea; pero en está ocasión me expongo y disecciono mi redacción para todo aquel que quiera leerme. 
                                                                         Sin embargo, no prometo exhibir mi caligrafía.






Antiguo folio en mi cuaderno.

Temporada 2012 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán
Programa 2 
1 de Febrero del 2012

Fue la segunda vez que asistía a un concierto de la Orquesta Sinfónica del estado, antes de entrar al concierto me sentí más emocionada que la primera ocasión. Quizás porque las nuevas experiencias siempre tienen una probabilidad de decepcionarnos del cincuenta por ciento, y las experiencias que ya conocemos, sobre todo cuando nos resultaron exquisitas, nos anticipan las sensaciones que nos provocarán.

Sin embargo, no siempre se siente lo que se piensa. Uno cree que nada nuevo lo impresionará después de haberse "puesto en guardia" antes del evento en cuestión y termina sorprendido y minimizado ante tal magnificencia.

Al inicio del concierto no podía emocionarme más. El sonido se sentía por todas partes. Es maravilloso como dos artes; la música y la arquitectura; se mezclan para poder dar lo mejor de ellas; el teatro Peón Contreras no es la excepción. Y no hablo solo de la composión física del teatro, que hace que el sonido resuene de manera majestuosa, también hablo de los detalles como el fresco del techo que nos hace creer que realmente estamos en un lugar donde no solo habitan mortales.

Dos hombres al frente, una orquesta entera detrás. Por delante el director. Jamás, con temor a sonar exagerada, había pensado que tal potencia podría salir de la guitarra, de tan pequeños instrumentos que parecen inútiles estando solos, pero cuando el hombre los hace suyos se vuelven magníficos. El rasgueo de aquellas guitarras es una cosa que solo pude comparar con la potencia de la voz de una madre a la defensiva. Además la expresión de los artistas al tocar los instrumentos me hacía envidiarles. He entonces que recordé por qué la primera vez que asistí a un concierto de la Orquesta Sinfónica salí con un sentimiento de angustia que se atrevía a opacar mi felicidad.

Su maldita expresión era de éxtasis, de quien no tiene un escenario en otro lugar que no sea allí con lo que ellos llaman música. Pensé: ¿Qué edad tienen?, ¿cuánto llevan tocando?, ¿a qué clase social pertenecen?, ¿tendrán algo más en la vida?. No podía dejar de pensar en cómo la historia del hombre había diferenciado diversos sectores de la población. 

No podía dejar de pensar en cómo hay gente con un talento y (casi) educación innata para el arte...y hay deportistas.
En cómo hay gente con un nombre y un instrumento...y hay políticos.
En cómo hay gente con un pincel y un concepto...y hay estudiantes de medicina.

Todo esto sucedía mientras se tocaba la Danza Bacanal de Saint-Säens, y fue trágico porque entonces, dejé de pensar y volví al teatro. Y la música ya no me parecía salir de allí, tuve que hacer un esfuerzo para hacer entender a mi oído que esa música no salía de unos auriculares o de una bocina. La música estaba allí y no viajaba más que la distancia del escenario a mi asiento. Y cuando pude apropiarme de esa idea la amé.

En todo el concierto mi mente giraba en tono a tres ideas: los músicos, la persona que tenía a mi lado y el por-qué-ya-no-sentía-mi-cuerpo.  Porque de verdad no lo sentía, tenía un yo en el asiento y un yo metafísico. Creo en parte que  mi ingenuidad, mi falta de educación musical y mi oca experiencia fueron causantes de tal resultado. Y no las quiero perder porque algún día cuando sea mayor tendré la oportunidad de recordar esa sensación y me sentiré pequeña.