domingo, 21 de septiembre de 2014

Arena en la boca.

Llevo tres años estudiando Medicina, hago una semana con veinte años de edad. Hoy he recordado que hace dos años llevaba un blog y duele de alguna manera leer las entradas publicadas; siento vergüenza, nostalgia y cierta atracción romántica hacia la persona que las escribió.
Bien quisiera volver en el tiempo y darle una bofetada a ella detrás del teclado, y bien podría darle un beso y acariciarle el cabello.
Dejé de escribir en Febrero del 2013, tras seis meses de comenzar la carrera, a causa de un cuadro depresivo.
Dejé de hacer muchas cosas en Febrero de 2013.
 Hoy en día después de pasar largas horas frente a un escritorio y afortunadamente sin recurrir a inhibidores de la MAO, tricíclicos o inhibidores de recaptura; mi padecimiento está controlado.  



Aprendí que el principal problema de la depresión mayor es lidiar con la incredulidad de los espectadores. Ante todos pareces un megalómano que exacerba sus pesares para llamar la atención, quien no piensa en los sentimientos del público sano y lo más fuerte: puedes cambiar tu condición en cualquier momento."¡Pero si lo tienes todo!, es una ofensa que te deprimas " y las comparaciones con gente que está en peor condiciones que tú mas "no se deprimen por ello".

Y entre las razones por las cuales dejé de escribir( ahí, revuelto con irresponsabilidad, pesadumbre, distracciones...) está el estigma de convertir cada palabra en un diario de supervivencia. Sobre todo que abarcara los meses más sofocantes de mis veintes.

He dejado mucho de quien era antes, sin embargo no puedo llamar a este despojo " crecer ". Los dejé dormir. A veces aún intentan regresar mientras me distraigo, últimamente lo hacen a la fuerza y traté de mostrarme fuerte ;como quien  juega en el mar cuando las olas le jalan de un lado a otro pero  ingenuamente se aferra hasta las uñas del último dedo de sus pies a la arena ,simulando raíces. Nosotros no somos tan estables como árboles, somos la especie más débil que puede andar. Es por ello que las olas te empujan y terminas en la orilla de la playa escupiendo arena de la boca y despidiendo agua de la nariz en el estado más puro de vulnerabilidad como si fuese líquido amniótico.
Y es entonces que los dejo entrar.

Puedo fingir ser una persona " Asquerosamente proactiva", puedo buscar cientos de actividades fuera y dentro de mi carrera. Pero aún duele. Supe la historia de una paciente en el servicio de urgencias a quien le dolía el oído, ella sabía que tenía un insecto adentro mas lo había visto entrar; le extrajeron una cucaracha del oído. No puedo dejar de imaginarme enormes cucarachas en mis oídos cada vez que los dejo entrar.
Lo más probable es que nada de lo que escribí parezca agradable para quien lo lea. Les aseguro que escribo con gran satisfacción y tranquilidad porque hace dos horas que no los he dejado entrar.